Castillo de Miravet

El castillo de Miravet, una fortaleza imponente rodeada por una muralla de 25 metros de altura que parece surgir de las rocas y situada sobre un cerro, domina el curso del Ebro y las tierras de alrededor. Su posición estratégica ha hecho que allí se sucedieran los asentamientos desde la prehistoria y le ha otorgado un papel importante en diferentes conflictos. Todavía hoy se pueden apreciar parte de las estructuras de la fortaleza andalusí sobre la que se levantó el castillo templario, inmediatamente después de la conquista de estas tierras por parte de Ramón Berenguer IV.

El castillo se donó a la orden del Temple que lo convirtió en la sede de la provincia templaria de Cataluña y Aragón, durante lo que sería el periodo de mayor poder y esplendor de la historia de Miravet.

El final de esta etapa significó también el episodio más dramático de su historia, con un asedio de más de un año, que precedió a la desaparición de la orden del Temple

Miravet

Además del castillo, Miravet es una ciudadela amurallada con construcciones a diferentes niveles. Sus formas son contundentes y austeras y, a modo de colmena medieval, dentro de las murallas la comunidad disponía de todo lo necesario para vivir.